Todo esto iría todavía más lejos cuando hacia 1921, Alfred Watkins (1855-1935), seguidor de Lockyer y más tarde demeritado por las 'altas eferas' como heresiarca, publicase en 'The Old Straight Track -el antiguo camino recto-' sus investigaciones demostrativas de la ubicación de antiguos lugares sagrados dispuestos en líneas rectas, y cómo esas líneas se extendían a lo largo de muchos kilómetros e incluían estos yacimientos megalíticos y puntos coincidentes con antiguos caminos prehistóricos que la gente estableció desde el Neolítico para viajar trazando una 'line ley' desde un punto de referencia hasta el siguiente; entre ambos extremos y la prolongación de la línea trazada se encontraban, mojones y piedras neolíticas, círculos, túmulos, antiguas cruces de piedra y cruces de caminos, árboles sagrados o vestigios de su emplazamiento tradicional, pozos sagrados, antiguos asentamientos, lugares de reunión y asamblea, ermitas, capillas, iglesias situadas sobre emplazamientos precristianos y torres faros en la cima de colinas. A su vez, había otra serie de indicaciones para guiar al viajero desde abajo, como 'muescas' en las colinas y mojones a base de piedras amontonadas, situados sobre el horizonte; el vado de los ríos podía también estar señalizado por 'estanques relámpago' que recogían luz de hogueras realizada en las alturas, indicando su correcta ubicación en la oscuridad nocturna.
Las ideas de Watkins, hasta hoy no son aceptadas en su mayoría por los arqueólogos. Una de las causas argüidas en su época, fue que los antiguos Britones no poseían la capacidad científica para realizar los sorprendentes y distantes alineamientos; hoy en día, superados tales argumentos en contra de la existencia de las lineas, tal y cómo Watkins supuso, las mismas responden con exactitud comprobada vía satélite con los dibujos y mapas que obtenía del "Catastro" para confeccionar una lista de lo que él sabía que eran los 'marcadores' de paso que aún se conservan en sus ubicaciones.

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